La Isla de La Toja (A Illa da Toxa en gallego) es una pequeña isla de unas 110 hectáreas situada en plena ría de Arousa, junto a la villa marinera de O Grove. Su nombre se suele relacionar con el toxo, el tojo que cubría sus terrenos, y en otro tiempo se la conoció también como isla de Louxo. Durante siglos fue un lugar casi deshabitado, de pinares y marismas, hasta que en el siglo XIX el descubrimiento de sus aguas y lodos termales la transformó por completo en uno de los destinos de salud más célebres de España.

Cuenta la tradición que un vecino abandonó en la isla a un burro enfermo y que, al volver semanas después, lo encontró sano revolcándose en el barro junto a un manantial caliente. Sea leyenda o realidad, aquellas aguas hipertermales, cloruradas sódicas y ricas en minerales, dieron origen al primer balneario y atrajeron a bañistas de toda Galicia. En 1907 se inauguró el Gran Hotel, impulsado por el marqués de Riestra, que convirtió La Toja en refugio de aristócratas, políticos y escritores; de sus aguas y sales nacieron también los conocidos jabones y cosméticos de La Toja. En 1966 la isla fue declarada Centro de Interés Turístico Nacional.
Dos símbolos resumen el carácter de la isla. La capilla de San Caralampio, también dedicada a la Virgen del Carmen y conocida popularmente como la capilla de las conchas, conserva un trazado de origen medieval y tiene sus muros exteriores completamente cubiertos de conchas de vieira, una imagen única que la ha convertido en una de las estampas más fotografiadas de Galicia. El otro es el puente que une La Toja con O Grove, inaugurado en 1911: una obra de hormigón armado de arcos sucesivos que en su época figuró entre los puentes marítimos más largos de Europa y que todavía hoy es la puerta de entrada a la isla.



